Reportaje
PUBLICADO EN AGOSTO 23 DE 2006

 

Aníbal Pérez Vargas o 19 años después
Arturo Solís/EnLineaDIRECTA.

Tras más de año y medio de mantener en el cargo como Procuradora a Mercedes del Carmen Guillén Vicente, ante la manifiesta incapacidad de la misma y su equipo para cumplir con su delicada responsabilidad, por fin el Gobernador Eugenio Hernández Flores se decidió por un relevo, pero lamentablemente, no se analizó detenidamente lo que convenía para esta etapa en esa dependencia. Fue así que regresa al gobierno estatal Aníbal Pérez Vargas, quien ya ocupó esa responsabilidad del 5 de febrero de 1987, al inicio de la administración del entonces gobernador Américo Villarreal Guerra, cuando fue designado Procurador General de Justicia, puesto que desempeñó hasta el 4 de diciembre de 1990.
Ocupó ese cargo, apoyado por Porfirio castillo Delgado, que repetía como director de la Policía Judicial del Estado. Fue la etapa de corrupción generalizada y de protección a la delincuencia, lo que propició que parte de los integrantes de la “Banda de la charola” de aquellos años, acabaran asesinados.
Fue una etapa en la que se inició el asesinato de periodistas, cuando en el último año del gobierno de Emilio Martínez Manatou, asesinaron en Matamoros a Norma Moreno Figueroa y Ernesto Flores Torrijos, crímenes que desde un principio se atribuyeron al entonces alcalde Jesús Roberto Guerra Velasco, con la complicidad de la Policía Judicial del Estado.
Cabe destacar que Guerra Velasco protegía a la banda de Luis Medrano, quien asesinó a Edelmiro López Silva, para vengar la muerte de Brígido sauceda, guardaespaldas del alcalde.
Esos y otros crímenes cometidos por el entones focalizado grupo de Juan García Abrego, le tocó investigar a la Procuraduría de Aníbal Pérez Vargas, pero quedaron en la impunidad.
Al flamante Procurador le tocó el crimen de un judicial del estado, y que ocurrió el 4 de abril de 1990, cuando fue asesinado en Reynosa Roberto Azúa Camacho.
Una característica de la víctima, es que había sido integrante de la policía Judicial del Estado, y estaba destacamentado en Matamoros. Por si no fuera suficiente, al momento de su muerte Azúa era empleado de David Cárdenas Rueda y de Jorge Brenes Araya, este último, editor del periódico “El Río”. Pero hay un dato más: estos dos últimos fueron asesinados el 17 de junio de 1986; el primero en Veracruz, Veracruz y el segundo en Reynosa.
Esa sería la tónica de la gestión de Aníbal Pérez Vargas en la Procuraduría, pues nada se hizo por aclarar el homicidio de Azúa, ni avanzar en la investigación de los crímenes de los tres periodistas victimados en el régimen de Emilio Martínez Manatou, a pesar de las demandas que exigían justicia, y de la presentación de estos casos en la naciente Comisión Nacional de Derechos Humanos.
Llamó la atención que en el homicidio de Roberto Azúa Camacho la Procuraduría General de Justicia de Tamaulipas encabezada por Pérez Vargas, diera por concluido el caso siendo éste uno de los crímenes de uno de sus elementos que enlutaron a la frontera de Tamaulipas en ese tiempo.
El 4 de diciembre de 1990 dejó la procuraduría y pasó a ocupar la Secretaría General de Gobierno, etapa en la que designó al frente de los penales a su paisano Jacinto Flores Peña, en una época en la que en los penales menudearon los hechos violentos, actos de corrupción y autogobierno, lo que orilló a la CNDH a emitir el mayor número de Recomendaciones a un Estado, por la corrupción y condiciones de sus reclusorios.
Se asegura que ya se considera a Flores Peña como uno de los principales colaboradores del Procurador, lo que significaría el entronizamiento de las componendas y los vicios, que se supone es lo que se quiere cortar con la remoción de Mercedes del Carmen y su equipo de colaboradores.
Es por ello importante contar ahora lo ocurrido en la Procuraduría tamaulipeca en el primer tiempo de Aníbal, cuando surge y se fortalece en Tamaulipas el grupo delictivo encabezado por Juan García Abrego.
El primer testimonio que se conoció de la penetración de la delincuencia en las filas de la Policía Ministerial del Estado data del 19 de diciembre de 1991, cuando Armando Barrera Caballero, ante Martha Elvia Rosas Rodríguez, Cónsul de México en Brownsville Texas, exactamente a las 14:00 comenzó a rendir un largo testimonio de sus andanzas con Juan García Abrego, saliendo a flote la estrecha relación de sus huestes con las diversas corporaciones policíacas.
Gracias a ese documento, se pudo actuar posteriormente contra la banda, logrando la captura de Luis Medrano García, Oscar Malherbe de León, José Luis Sosa Mayorga, José de la Rosa “el Amable”, y Sergio González Hinojosa, el entonces Jefe de Grupo inamovible por años en Matamoros, que lo mismo realizaba negocios con la banda de Luis Medrano que con la del rival Oliverio Chávez Araujo.
También sirvió de base para la persecución de Juan García Abrego, y posteriormente su ilegal entrega a Estados Unidos, bajo el argumento de que era ciudadano estadounidense, por un documento falso con el que se le registró en ese país el 18 de mayo de 1965, cuando García Abrego tenía 21 años de edad, donde se indica que nació en “La Paloma”, en el condado Cameron, de Texas, aunque en realidad nació el 13 de septiembre de 1944 en el rancho La Puerta, de Matamoros.
La historia del testimonio base para desmantelar a la banda de Juan García Abrego, se remonta al 5 de diciembre de ese año, cuando dice Armando Barrera que “desde la ciudad de México, por vía telefónica. Me comuniqué con mi esposa y me informó que Américo Barrera Caballero (mi hermano) se encontraba detenido en la Policía Judicial estatal de Tamaulipas pues mi prima, Carmela Caballero Rodríguez lo acusaba de robarse unos aparatos eléctricos de su domicilio”.
Continua la narración: “confirmó que estaba detenido por robo pero había algo más: el comandante de la Judicial de Tamaulipas, Sergio González Hinojosa, estaba enterado que Américo era buscado por la policía de Brownsville como responsable del homicidio de Roberto Rodríguez Delgado, quien fuera sobrino del actual director de la Judicial de Tamaulipas.” Se refiere a Porfirio Castillo Delgado, uno de los hombres que acompañó a Aníbal Pérez Vargas, y el asesinado estaba inmiscuido en el narcotráfico. Añade Armando Barrera: El comandante de la Policía Judicial en Matamoros era Sergio González Hinojosa; “y por dejarlo en libertad y no entregarlo, le pidieron cinco mil dólares, que por el dinero pasarían unos agentes a mi casa.”
El enviado fue el efectivo Natividad Pintor, quien llegó a la casa de Armando Barrera acompañado de otros dos elementos. Como le dieron de plazo hasta la noche, habló al penal de Almoloya con Oliverio Chávez Araujo, que se encontraba internado en ese penal de alta seguridad, a donde fue trasladado tras la matanza ocurrida en el penal de Matamoros cuando se le intentó asesinar, y que costó la vida a 19 internos. (Oliverio) “me ofreció hablar con Checo, como se conoce a Sergio González Hinojosa, y dijo que le diera unos mil dólares”.
Tras la libertad de Américo, Sergio González le avisó a Luis Medrano que los hermanos Barrera caballero tenían tratos con Oliverio Chávez Araujo; y el 7 de diciembre frente a la casa de Américo llegaron varios “gatilleros y narcotraficantes” identificando su esposa Dora González de Barrera entre otros, a su hermano Arcadio Pérez González “El Cayo”, y a Pepe de la Rosa alias “El Amable”. Rápidamente, Armando llegó a la casa de su hermano acompañado de varios gatilleros, y vio entre los integrantes del grupo de Medrano a los efectivos de la Policía Judicial del Estado Leobardo García, Eduardo Coronado Gatica y Leoncio Sánchez Magallanes”. Armando Barrera identificó también a otras diez personas de los que llegaron a la casa de su hermano, entre los que se encontraban Germán y Fernando (Los Venados), Sergio Hernández Longoria “la Zorra”, Erasmo y Toto Alanís Govea “Los Conejos” y Adolfo de la Garza “El Borrado”, “el Quince” y el “Beto Toques”.
Los conocía, porque El fue parte de los guardaespaldas de “El Amable”.
Ese fue el inicio de la persecución que hicieron su ex compañeros para aniquilarlos, y dos días después los encontraron y persiguieron asesinado a su hermano Américo en una emboscada durante una balacera que se prolongó por unos 20 minutos. Fue así que huyendo, llegó a Brownsville donde lo detuvo la Patrulla Fronteriza, solicitando de inmediato la protección de la policía de la ciudad porque temía lo mataran si lo regresaban a México.
Para evitar su deportación, dio su testimonio y acusó al jefe de grupo de la Policía Judicial del Estado Sergio González Hinojosa “El Loco”, porque fue el único que sabía que le pidió apoyo a Chávez Araujo, y les avisó al grupo rival que encabezaba Juan García Abrego. “Me consta que Sergio acudía a la casa de “El Amable” por dinero, para que no investigaran las muertes de los ejecutados por la banda. Además a El se le entregaban raciones de cocaína para el consumo de sus elementos y esa entrega se hacía en las mismas oficinas de la Judicial y las llevábamos El Amable, Pérez Solís y yo. Cada ración era un sobre de correo con un terrón o varios de cocaína. Llenado el sobre se le ponía el nombre de cada policía; la ración era para una semana y eran aproximadamente treinta sobres. De las personas que recuerdo (a las que les daban cocaína) y actualmente son efectivos: Sergio González Hinojosa, Juan González Hinojosa, Ramiro Garza, Leobardo García, Eduardo Coronado Gatica, Adolfo de la Garza, Trinidad Ibarra, Rolando Ibarra, René González, Eloy Treviño Gracia, Natividad Pintor Saldívar, Leoncio Sánchez Magallanes, Eduardo Serna, Valentín Lara, Ernesto Morales, Israel Castellanos, Joel Juárez, Ezequiel Cavazos Beiza y Nicolás de la Cruz.”
De este grupo subsistió hasta este 2006 dentro de la ahora Policía Ministerial del Estado Juan González Hinojosa, asesinado este año en Nuevo Laredo, y a quien la Procuraduría General de Justicia le hizo homenajes en Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros, porque “murió en el cumplimiento de su deber”. Todos estos años ha subsistido dentro de la corporación Israel Castellanos, a quien se mantiene como Jefe de Grupo de homicidios en Nuevo Laredo, a pesar de su pasado, Armando Barrera y su implicación en diversos casos de tortura, como ocurrió con Hiram Oliveros y Mario Medina, acusados del asesinato Roberto Mora García, director editorial de El Mañana.
Alberto del Angel es otro de los sobrevivientes de las filas de la Policía Judicial de aquellos años, ocupando en Tampico en Seguridad Pública, así como Porfirio Castillo delgado, que se encuentra al frente de la Policía Metropolitana.
La corrupción en la Policía Ministerial de esos años de Aníbal en la Procuraduría, también se refleja en los múltiples homicidios ocurridos en Matamoros en esos años y que nunca se aclararon, a pesar del escándalo que provocaron, como por ejemplo, el asesinato de 19 internos en el Cereso de Matamoros.
También tenemos el caso de los colombianos William Botero y Judith Pontón, que fueron entregados por las autoridades penitenciarias al Instituto Nacional de Migración para su deportación, y que fueron secuestrados de las oficinas de esa dependencia en la Puerta México. “Después los torturaron, los acribillaron con los ‘cuernos de chivo’ y cruzaron los cuerpos por el Río Bravo, desde un rancho rumbo a la carretera a la playa”.
De acuerdo con el testimonio de Barrera, en ese hecho participaron los judiciales del Estado Leobardo García, Eduardo Coronado y sus “madrinas” Miguel Botello Lucio y Leoncio Sánchez Magallanes.
Además, como copartícipes señaló al comandante de la Policía Judicial Federal Ramón Uriarte Solís, “el ex Raffles, ex comandante del sector Naval”, y al jefe de grupo de la PJF Indalecio Ríos.
Pero si esos escándalos no fueran suficientes, la impunidad de esa banda delictiva permitía que cometieran otros asesinatos y que la Procuraduría nada hiciera por detenerlos. La banda de Luis Medrano asesinó también a Gregorio Betancourt Meza, que comandaba un grupo especial de la Dirección de Seguridad Pública de Matamoros. La causa: Gregorio detuvo en 1989 a Medrano y la mayor parte de los miembros de la banda y el policía lo golpeó en las instalaciones de la corporación policíaca.
En esa ocasión la policía municipal remitió a todos a la PGR, en donde el comandante Juan Benítez Ayala dejó a todos en libertad, menos a uno apodado el Güero Balboa.
Armando Barrera afirma en su testimonio que Medrano también asesinó al policía judicial del estado Mario Camacho, porque detuvo a un medio hermano de éste. Afirma que “Mario Camacho renunció a la policía judicial porque no estaba de acuerdo con la forma de trabajar del actual subdirector de la policía Judicial del Estado Silvio Bruzzolo Torres, que es gente de Luis Medrano pues fui testigo de cuando se arreglaron en el restaurante Dennys a mediados de 1988. Ahí acudió Oscar Malherbe y fuimos como guardaespaldas Martín Barrales, “Epifanio”, Adolfo de la Garza (y yo). Por lo que hace al director de la Policía Judicial del Estado, Porfirio Castillo Delgado, supongo que también está arreglado con Luis Medrano ya que no exige resultados en las investigaciones de los homicidios que ordena éste. Lo creo capaz de arreglarse pues en el mes de marzo de 1990 la Policía Judicial trató de entrar al penal, pero fueron repelidos por los internos por órdenes de Oliverio Chávez Araujo. Afirma Barrera que ahí, Merino Delgado, primo hermano del director de la PJE se quedo atrapado en su interior y Oliverio habló con Porfirio Castillo y permitió la entrada de la policía “y en las oficinas del alcaide Oliverio entregó dinero a Porfirio para que no revisaran el área donde estaba su gente.”
La descobijada a la judicial en los tiempos de Aníbal, es enorme. Por ejemplo, en Matamoros también se mató a “un señor que usaba silla de ruedas y a su esposa Ramona (Mona) asesinados en el hotel Matamoros. Participaron los judiciales del estado Leobardo García, Eduardo Coronado y Adolfo de la Garza. En otro hecho la banda de Luis Medrano aniquiló a la banda de Erasmo Ibarra a principio de 1988, cuando fueron concentrados en el ejido Los Arados todos los elementos de la banda de Erasmo, en donde 15 miembros de la misma fueron acribillados “y a los cuerpos les prendieron fuego”. Erasmo y dos de los integrantes de su banda Lograron darse a la fuga. En la masacre también participaron elementos de la PJE, a los que Barrera identificó como Trinidad y Rolando Ibarra, René González, Eduardo Serna, Valentín Lara, Alberto Betancourt y Ernesto Morales, “que entonces era el chofer del comandante Alberto del Angel, que entonces estaba en Valle Hermoso.”
Aunque el testimonio de Armando Barrera es más amplio, el extracto que ofrecimos demuestra la corrupción que propició la Policía Judicial del Estado durante el tiempo que Aníbal Pérez Vargas, y muchos de los agentes y comandantes de aquellos años, sólo fueron cesados o asesinados en vendettas, en el siguiente sexenio: en el de Manuel Cavazos Lerma.

Si hace 19 años Aníbal Pérez Vargas no hizo nada para detener la corrupción e impunidad y el fortalecimiento de la banda delictiva de Juan García Abrego, hoy menos lo hará con los diversos grupos que pelean en Tamaulipas; por lo que la corrupción continuará como patente de corzo en una dependencia que hoy en día, se encuentra aletargada sumida en la corrupción y sin que se observen visos de que la situación pueda cambiar.
Por cierto: Armando Barrera Caballero fue asesinado a balazos en la ciudad de Brownsville, Texas el primero de abril de 1993.

La policía nunca identificó a sus agresores.