ANECDOTARIO.

POR JAVIER ROSALES ORTIZ.

PRUEBA DE FUEGO.

 

Cuando en 1985 un devastador terremoto sacudió al Distrito Federal fue el arrojo, el coraje y la solidaridad de la población civil la que se impuso a pesar de la mala organización de las instituciones.

Lo digo con conocimiento de causa porque estuve allí  y como voluntario que fui para tratar de rescatar a sobrevivientes en los edificios destruidos, como los de Tlatelolco, en lugar de conducirme hacia la zona de desastre el autobús se encaminó inexplicablemente hacia el Estado de México, donde nada había sucedido.

La maniobra era evidente. El gobierno no quería testigos de la magnitud del terremoto ni del descomunal número de muertos y eso que ni siquiera los organizadores sabían que era periodista.

De nada sirvieron las desveladas para enlistarme, ni las inyecciones antitetánicas que me aplicaron para evitar infecciones.

Mi trabajo se remitió casi a ser un simple turista, el que a través de los ventanales del vehículo contempló las enormes emanaciones de humo de las fábricas y las fastuosas residencias de zonas como Satélite.

El D.F. quedó herido de muerte, como ahora, en menor magnitud, lo está Tamaulipas por las inundaciones.

No hablar con la verdad fue la factura que siempre pago en aquel entonces el ex presidente de México, Miguel de la Madrid Hurtado, y parece que las actuales autoridades de Tamaulipas han aprendido bien esta lección, por eso se pusieron las pilas.

Injusto sería señalar que el gobierno de Eugenio Hernández Flores se ha quedado con los brazos cruzados ante los severos efectos que han provocado las torrenciales lluvias en Tamaulipas.

También, lo sería no aceptar que los titulares del DIF, de la General de Gobierno, Salud, Protección Civil, Sedesol, Educación , Seguridad Pública y otros no se han partido el alma para mitigar la pena que padecen quienes lo perdieron todo y que a gritos piden auxilio.

Y los alcaldes de Mante, Tampico, Altamira, Madero, Reynosa, Matamoros, San Fernando  y Río Bravo, tampoco se han dormido en sus laureles.

En cada uno de ellos hasta el momento la población damnificada ha encontrado una mano amiga, porque no han escatimado en tiempo, en recursos económicos y en una sonrisa que alimenta la esperanza de quienes se encuentran en desgracia.

Mentira, sería, afirmar que no ha sido la buena organización de las autoridades de Tamaulipas la que ha levantado el animo de quienes padecen los efectos devastadores de las lluvias y, eso, como ciudadanos que somos, es algo que debemos reconocer.

Porque ante la Federación el gobierno de Tamaulipas y su cabeza principal se las ingenió para mover las fibras más sensibles para que declare a varios municipios como zona de desastre, no le hace que como consecuencia de los trámites burocráticos no llegue a tiempo el recurso.

Lo que ha hecho hasta el momento el gobernador ha sido lo correcto.

El gober y sus colaboradores se han comportado a la altura  y eso se debe de valorar.

Porque aquí ya se sabía que esta temporada de huracanes es la más severa de los últimos años.

Por eso desde antes se iniciaron los preparativos no para tratar de luchar contra la sabia naturaleza porque eso es imposible, pero si para arrancarle de las manos docenas de vidas de tamaulipecos, quienes  ahora están a salvo.

Y es además con la solidaridad de nosotros, los ciudadanos que vemos tan lejos la desgracia, como nuestras autoridades pueden empujar más para salir de este problema, por eso se debe de atender el llamado para participar y acercarse a los centros de acopio para poner un granito de arena.

En Tamaulipas todos somos como una familia y ante lo que le duele al hermano no se puede permanecer apático.

Ellas, las autoridades, cumplen bien con la parte que les corresponde, pero es bueno que asimilen que no están solas.

Tamaulipas está en la mira a nivel nacional porque es uno de los estados que resultaron más afectados y, eso, nos debe de abrir bien los ojos.

Por eso un voto de confianza hacia nuestras autoridades no estaría de más, porque ellas deben de saber que están haciendo bien las cosas y que se les apoya.

Vaya, pues,  desde este espacio un reconocimiento a ellas y a muchos más que se han convertido en héroes anónimos y que no se dan a basto para atender de nuestros hermanos.

Porque son un ejemplo para quienes todavía no se sacuden la modorra frente al diluvio que llego.

Tamaulipas está con el agua hasta el cuello.

Pero como alguien dijo.

Es más grande que sus problemas.