¿Acaso Miguel Hidalgo no fue excomulgado?

Por: Leopoldo Espinosa Benavides

publicado el 14 de mayo de 2007 en el Regio de Monterrey, N.L.

 

La Iglesia Católica es la corriente religiosa más antigua e importante del Cristianismo. No es necesario abundar acerca de su trascendencia en el mundo desde hace dos mil años, baste con recordar que es la religión mayoritaria de los mexicanos, y en consecuencia, su posición en el debate de los grandes temas morales nacionales, es bien importante.

La aprobación de la ley que despenaliza el aborto en el Distrito Federal, nos está polarizando a los mexicanos. La mayoría de los ca-pitalinos la aprueban, pero grandes grupos radicales no, y se movilizan, generando un conflicto que podría tomar proporciones inima-ginables; no debemos olvidar los movimientos armados derivados del tema religioso en el siglo XX.

Desde el inicio de la controversia, la Iglesia intervino, y ya aprobada la iniciativa en la ALDF, le puso el toque de dramatismo que precede a todo movimiento que aspire a ser trascendente, al declarar excomulgados, tanto a los legisladores que votaron en favor de esta ley, como al Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, por promulgarla.

Al principio pensé que era una declaración estrepitosa más, pues la dio el vocero de la Arquidió-cesis Primada de México. Aún se podía capear el vendaval, pero el Cardenal Norberto Rivera reafirmó la postura, provocando respues -tas agresivas de legisladores y voceros de la izquierda mexicana.

Todavía hasta ese nivel se pudo desarticular la cuestión, solo que vino una contundente declaración desde Brasil, en donde su Santi-dad Benedicto XVI realiza una gira, apoyando la excomunión. El mismísimo Papa se metió a lo hondo.

Y ya no tiene reversa, aunque El Vaticano matizó las declaraciones papales, debido a las ácidas reacciones en la Capital, que podrían calificarse como amenazantes, al detestar la injerencia del Papa en asuntos de nuestra política interna, con un desacostumbrado tono para el heredero de San Pedro.

Las acedas posturas de los dos lados, dañan tanto a la Iglesia, como a la clase política mexicana; ambas tienen antecedentes recientes de profundo desgaste, la primera con los casos de pederastia y la segunda por la evidente corrupción nacional.

Al Papa lo embarcaron en este asunto, pues ni modo que quiera convertir a Ebrard en el nuevo Miguel Hidalgo, quien en su mo-mento también fue excomulgado.

En abono a la actitud del Santo Padre, se debe saber que la Ley Canónica vigente, habla de una excomunión automática (latae sententiae), en casos de apostasía, herejía, o cisma (Canon 1364), y lo mismo dicta cuando se procura o participa en un aborto, o se coopera para que un aborto de lleve a cabo (CIC2272; Ley Canónica 1398).

¿Qué significa la excomunión,
y a que se debe tanto escándalo?

La excomunión es la expulsión de una persona, permanente o temporalmente, de su congregación religiosa; durante este período, el excomulgado no forma parte de la comunidad, y no debe asistir a las ceremonias religiosas, ni concurrir al culto.

Todas las religiones tienen contemplado entre sus documentos básicos este castigo, para escarmentar a los infractores de sus normas internas; es el equivalente a la suspensión de los derechos partidarios a los miembros de un partido político.

Hay casos relevantes de excomulgados, además del mencionado Padre de La Patria, como los del fundador del Nuevo Reino de León, Luis Carvajal y de la Cue-va, en el siglo XVI, y el del científico italiano Galileo Galilei, en el siglo XVII.

La ciencia que estudia el pasado de las sociedades humanas (la historia mundial) tiene registrados muchos procesos similares. Por cierto, estos dos prohombres demostraron su inocencia de los cargos que les imputaban, aunque a Galileo se le haya reconocido tres siglos después de su muerte.

Para un político mexicano de hoy, ser excomulgado ya no es castigo inescrutable como en las épocas mencionadas, pero tampoco una condecoración, como en los tiempos del liberalismo rampante del siglo XIX.

Hoy existe una gran cantidad de instrumentos para medir a la opinión pública, que es el interés mayor de quienes manejan la res publica (del latín que significa La Cosa Pública).

En el tema de la despenalización del aborto, como en otros, la opinión pública nacional depende de la geopolítica. No es igual en el Distrito Federal, que en el interior del País, como tampoco en todos los estados.

La ubicación Norte - Sur marca las diferencias. Los políticos siempre ven en su futuro una posible candidatura, y ponderan lo que piense su electorado, pues él tomará las decisiones en los temas importantes.

Así, en una comunidad o distrito electoral de convicción católica, un candidato excomulgado tiene una desventaja que puede desequilibrar su balanza electoral, y como la competencia democrática es cada vez más cerrada, el peso de un hecho así, es determinante.

Desde luego que este argumento actúa en sentido contrario cuando se trata de electores como los ca-pitalinos, según se demostró en las encuestas de opinión pública durante la discusión y aprobación de la ley en cuestión.

Solo me queda apuntar que la excomunión ha tenido altibajos a lo largo de la historia de la Iglesia, pues a raíz de la muerte del Papa Gregorio XI en el año de 1378 tuvo el Gran Cisma de Occidente, cuando tres Papas pretendían go-bernar a los fieles.

En aquel momento, toda Europa estaba excomulgada; cada uno de los Santos Padres excomulgaba sistemáticamente a los seguidores de los otros dos.

Esa historia luego la abordaremos, por ahora deseo decirle a usted que la Excomunión es un castigo moral que puede o no tener repercusiones dependiendo del interior de cada individuo, de sus creencias y fe religiosa.

Esta "suspensión de los derechos religiosos" puede perjudicar la imagen social de una persona, pero lo grave es que por el bautismo, un cristiano es unido a Cristo y a su Iglesia, y según el dogma, Él vive y se comunica con sus creyentes, así que un católico que pierda esa unidad, lo pierde todo.